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jueves, 6 de septiembre de 2012

Nosotras somos putas, y vosotras ¿qué sois? | El estante de la Citi




 por Morgane Merteuil[1] – Domingo 26 de agosto de 2012 
Los “debates” sobre el trabajo sexual son a menudo pretextos para un desencadenamiento de violencia por parte de aquellas y aquellos que han comprendido que para hacer desaparecer a una categoría de población hay que comenzar por hallar los medios de hacerla callar, de desacreditar su palabra. En efecto, desde que nosotras, putas, reivindicamos el derecho de serlo, el derecho a ejercer nuestra profesión con toda legalidad, con toda seguridad, nos vemos tachadas de “minoría”, como si sólo por serlo debieran desacreditarse nuestras reivindicaciones. 
Sí, las personas que luchan por sus derechos han sido siempre grupos minoritarios. Más exactamente, es a causa de nuestra pertenencia a una minoría, a un estatus que “no desearíamos para nuestros hijos”, que debemos batirnos contra discriminaciones perpetuas, no solamente “oficiosas” sino también “oficiales”: no contentxs con estigmatizarnos por el uso que hacemos de nuestra sexualidad, el arsenal legislativo que promovéis nos priva por esta razón de nuestros derechos más fundamentales (derecho de asociación, derecho a la vivienda, derecho a una vida privada…). 
Somos putas, pues, y en tanto que tales, minoritarias. De acuerdo. Esta pertenencia a una minoría no es suficiente, sin embargo, para convertir nuestras voces en ilegítimas. Si tal fuera el caso, habría que considerar entonces bastantes combates como ilegítimos: 343 mujeres que reclamaban el derecho al aborto, ¿no eran una minoría? ¿Los LGBT representan más del 50% de la población? ¿Si las minorías raciales no representaran más que una ínfima minoría de la población, sería ello una razón para no reconocer el racismo? Somos putas que reclamamos nuestros derechos; minoritarias, igual que todos los sindicatos son minoritarios en su sector de actividad; e, igual que toda organización autogestionaria, criticamos la noción de “representatividad” y no pretendemos nunca hablar en nombre de nadie más que de nosotras mismas. 
Somos putas, lo que para vosotras significa necesariamente víctimas, de un sistema económico que nos mercantiliza a todxs, de un proxeneta mal intencionado o incluso de nuestra propia alienación. Sin embargo, somos mujeres conscientes de las derivas que existen en el seno de la industria en la que trabajamos. Para luchar contra estas derivas, para luchar por nuestro reconocimiento, contra los atentados contra nuestros derechos, nos organizamos. Sin vosotras, cierto, queridxs salvadorxs de las mujeres: estamos por la autogestión. A esta organización de putas en defensa de sus derechos y sus intereses de trabajadorxs, la acusáis directamente de no pensar más que en sí misma, de ser cómplices del patriarcado, del neoliberalismo y de la explotación intrínseca a estos sistemas. Entre “víctima suprema de la explotación” y “cómplice del sistema que ha preferido el dinero fácil”, rehusáis la diversidad de nuestras situaciones y no nos dejáis elección más que entre estas dos etiquetas, hábil manera de volver nuestra situación irresoluble, y de hacer de nuestra lucha una imposibilidad teórica. 
Nosotras somos putas, y vosotras ¿qué sois? 
Vosotras os reivindicáis de izquierdas y, por esta (honorable) razón, participáis en la lucha contra la explotación de lxs más oprimidxs, de lxs más explotadxs, frente a un sistema neoliberal fundado sobre la ley del libre mercado, del desprecio de la vida de aquellas y aquellos que lo hacen funcionar en provecho de aquellas y aquellos que obtienen todos los beneficios. Desde esta óptica, sois solidarias con las luchas sindicales: tenéis conciencia de que sólo organizándose podrán lxs explotadxs, si no llevar a cabo de forma efectiva la deseada desaparición de este sistema económico, al menos poner límites a nuestra propia explotación. 


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viernes, 11 de diciembre de 2009

''Legalizar la prostitución no nos libra de la trata, pero dará más seguridad''

Esperanza. Viaje. Uniforme. Dormitorio. Cliente. Estigma. Resurrección. Son los siete vagones en los que viaja una dura exposición de denuncia, un puñetazo al tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. Journey (Viaje) es el nombre de este recorrido que tiene por guía un rostro visible: Emma Thompson.







Crítica con la 'moda' de la reivindicación entre los famosos, la comprometida actriz inglesa se hace valer: "No soy solo un rostro: he hablado con muchas trabajadoras sexuales". Y para denunciar su situación, se pone en la piel de una prostituta que es engañada, violada, golpeada y que se ve obligada a ofrecer sus servicios sexuales hasta con 40 hombres cada día en un vídeo que se exhibe en la exposición.

El viaje de Helena
La idea de desenterrar la crueldad de una forma de esclavitud que continúa sin abolirse llegó a su cabeza hace tres años, cuando Thompson conoció a Helena. La joven, víctima de la trata de blancas, preside a día de hoy un colectivo que lucha contra esta práctica. "Hablé con ella durante unas tres horas, me contó su historia y le dije que tenía que contársela también al mundo".

Y Helena contó su historia. La historia de una mujer a la que un día le entregaron una bolsa con ropa usada de otra prostituta y le dijeron 'ponte a trabajar'. Nunca había visto a un hombre desnudo. No sabía colocarse un preservativo. No sabía practicar sexo oral. Como ella, otras muchas mujeres digieren el mismo trago amargo "en España, en Londres y en las ciudades ricas, donde los hombres de clase alta pagan por sexo".

Thompson muestra su cara menos amable al denunciar la situación: "la gente cree que saben a lo que vienen, que quieren ganar dinero y enviarlo a sus casas". Y sí. Las mujeres sometidas a trata se dejan camelar por sus extremas necesidades económicas. Pero las violaciones, los malos tratos y las humillaciones no forman parte del guión.

El yugo de los tabúes
"No queríamos contarlo en una película, donde la gente se sienta y lo ve. Queríamos la implicación del público", cuenta la actriz en una entrevista concedida a TVE. Eligieron un paseo por siete contenedores de un barco "porque el 7 es un número mágico cuando se cuenta una historia y porque la gente va pasando de un país a otro".

Cualquiera de los contenedores conduce a un mundo sepultado entre tabúes donde los artífices de la trata ganan hasta 150.000 euros al año esclavizando mujeres. "Cada vez se compra más sexo". La trata es el mayor negocio después de las drogas y las armas.

Thompson recuerda su pasado como militante a favor del feminismo. "A los 20 años era feminista, a los 30 estaba enfadada". Reconoce que los tabúes del sexo no se han tumbado, y ello hace que "el mundo sea un lugar peligroso para las mujeres". Tras dejar clara la diferencia entre la prostitución y la trata, --"una mujer forzada llega a la prostitución y no tiene otra opción"--, a juicio de la actriz inglesa la única solución para acabar con el mercado de mujeres pasa por legalizar la prostitución.

La solución: legalización
"En países como Alemania u Holanda, donde la prostitución es legal, el problema de la trata es enorme". Aún así, pese a que legalizar no significa erradicar, "ayudará a liberar la prostitución, aportará mayor seguridad y permitirá identificar a los responsables de la trata". En el terreno de la prostitución, prohibición es sinónimo de malos tratos. De violaciones. De esclavitud. "Hay prostitutas que dicen que siempre han querido serlo, que ese era su objetivo... ¡no! ¡no es una carrera vocacional! No es una opción, simplemente no hay otro trabajo".

La actriz pone sobre la mesa la posibilidad de poner en marcha campañas dirigidas a los clientes. "Tienen que usar la cabeza" e identificar si la persona a la que pagan fue sometida a trata o no. "¿Cómo ha llegado aquí si no habla tu lengua?", cuestiona Thompson.

Es una pregunta retórica que nadie se hace. Una luz al final de un túnel donde la protección y la acción conjunta de los gobiernos de turno brilla por su ausencia. Y mientras, las mujeres sometidas a trata cubren el rostro con las manos para ocultar su vergüenza. Vergüenza porque alguien que no siente vergüenza abusó de ellas. "No han hecho nada malo, no están fuera de la ley. Sólo están destrozadas por dentro".
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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Las feministas piden el fin del acoso a las prostitutas

Críticas contra las ordenanzas "hipócritas" en las Jornadas Estatales


Asistentes a una conferencia en las Jonadas Feministas Estatales que se celebran en Granada. - ARSENIO ZURITA



"La victimización de las prostitutas no es una buena estrategia feminista". Son palabras de Cristina Garaizábal, del colectivo Hetaira, que participó ayer en Granada en la mesa redonda Nosotras, las malas mujeres. Debates feministas sobre la prostitución. Garaizábal reivindica leyes, no sólo buenas palabras o declaraciones de intenciones, que permitan mejorar las condiciones laborales de las prostitutas y evitar su explotación.
El debate sobre las prostitutas concitó ayer parte de la atención de as V Jornadas Feministas Estatales Treinta años después. Aquí y ahora. La cita, que concluye hoy, conmemora el histórico congreso feminista celebrado en 1979, también en Granada. "Es importante diferenciar la prostitución ejercida como un trabajo voluntario de la que se ejerce bajo la presión de las mafias organizadas", recalcó Garaizábal.
Más de 3.000 mujeres acuden al encuentro, que concluye hoy
Por su parte, la antropóloga Dolores Juliano puntualizó que son las mujeres pobres las que más ejercen la prostitución como "método de supervivencia". Mercedes Belbel, principal organizadora del encuentro, pidió un reconocimiento político y social de las trabajadoras del sexo. "Hay una gran hipocresía sobre el tema y no entiendo por qué resulta tan perturbadora esta otra cara de la realidad social", remarcó.
En cuanto a la aprobación por parte de ciudades (como Granada o Barcelona) de ordenanzas contra la prostitución callejera que multan a las trabajadoras del sexo, Belbel señaló que estas medidas "crearán más problemas que beneficios", pues son "reaccionarias y discriminatorias para los colectivos más vulnerables".

Ecofeminismo

Este no fue el único objeto de reflexión. Rosa Mejuto, de la Asociación Red Ecofeminista, Intercultural y Solidaria REIS, manifestó la necesidad de recuperar "el principio femenino" no desde la masculinización, sino desde la liberalización, el reconocimiento de la mujer como "objeto activo", la "despenalización del aborto", el disfrute del sexo y el placer y la desmitificación de que "la feminista está en la cocina".
Las asistentes se manifestaron a favor de Aminatou Haidar
Mejuto también abogó por no posponer la maternidad por motivos sociales o de trabajo, y recalcó el doble sentimiento de culpabilidad que implica este hecho en las mujeres. Por un lado, en aquellas que deciden no tener hijos por no aceptar los roles sociales y laborales impuestos y, por otro, en aquellas que los tienen porque asumen dichos roles.
Por otra parte, organizadoras, ponentes y asistentes participaron ayer a mediodía en sendas concentraciones en las facultades de Ciencias y Arquitectura Técnica en apoyo a la activista saharaui Aminatou Haidar, protagonista indirecta de las jornadas. Anoche, emprendieron una manifestación en los Jardines del Triunfo, que desembocó en la plaza de Mariana Pineda, en el centro de la ciudad. Durante el acto se lanzaron consignas como "Marruecos culpable, España responsable" y otras a favor de Haidar, en huelga de hambre desde el pasado 15 de noviembre.
"Viva, viva, viva el movimiento feminista" fue la consigna más repetida
Las jornadas tuvieron también un marcado acento festivo, con la actuación de la cantautora afrodominicana Ochy Curie, que abrió oficialmente el congreso. "Viva, viva, viva el movimiento feminista" fue la consigna más repetida y entonada, tanto en castellano como en catalán, gallego y vasco por las 3.000 asistentes que envolvieron de espíritu reivindicativo el Palacio de Exposiciones y Congresos.
La participación en las más de 140 actividades que componen el programa del evento con talleres, mesas redondas, ponencias, proyecciones, videocreaciones, exposiciones, música y poesía en directo fue alta durante todo el día.
Organizadas por la Asamblea de Mujeres de Granada Mariana Pineda y la Federación de Organizaciones Feministas del Estado Español, las jornadas dividen su programación en cinco bloques temáticos: Devenires y luchas feministas; Identidades como ficciones; Crisis, globalización y acción feminista; Sexualidades y cuerpos y Nuevas representaciones y contextos. Entre otros temas, se abordan asuntos como la ley del aborto, la igualdad, el ecofeminismo, la maternidad, la violencia de género y la prostitución.

30 años de lucha, reflexión y crítica

Las primeras Jornadas Feministas Estatales, celebradas en Granada en 1979, supusieron el primer intento del movimiento en España de consolidar unas líneas de actuación comunes. En aquella ocasión, el debate más controvertido fue el de la idoneidad o no de lo que se llamó “doble militancia” (política y feminista). Barcelona acogió las jornadas feministas en 1985 y Madrid, en 1993. Las últimas tuvieron lugar en Córdoba (2000). La actual cita de Granada se caracteriza por la amplitud de miras, y excede los debates convencionales sobre feminismo. Se habla, por ejemplo, de política, crisis, belleza, trabajo, alimentación... El recuerdo a las mujeres republicanas también ha sido objeto de atención. Las participantes han puesto el acento en la necesidad de un feminismo “crítico y constructivo”.
Público.es

lunes, 23 de noviembre de 2009

La prostitución iguala a todas las mujeres en ambos mundos

La cualidad de prostituta, trabajadora sexual, sexo servidora, puta, iguala a las mujeres en la incomprensión y la falta de derechos, en cualquier país del mundo, sea desarrollado o en vías de desarrollo.

Hay países en vías de desarrollo que tienen la prostitución legalizada, igual que en algunos desarrollados, y en la mayoría están en el limbo de los justos, dejadas al azar de las autoridades de todo tipo. Pero en todos la incomprensión, la falta de respeto, la falta de derechos, se enseñorea por la sociedad. No se escapan ni los más desarrollados como Suecia. Las mujeres han conseguido ser iguales en todos los continentes, gracias a su profesión: la prostitución.

ÁNIMO EL PROBLEMA ES DE TODOS Y TODAS, NO ESTAIS SOLAS.

México: investigan si asesinatos por narco son un plan de "limpieza social"


Por Elisa Santafé (AFP)
MADRID — Las muertes por violencia en México en los últimos años, 15.000 en los últimos tres, podrían formar parte de un plan de "limpieza social por parte del Estado mexicano", según la periodista mexicana Lydia Cacho, que denunció la inoperancia de autoridades y justicia de su país.
"Especialistas empiezan a investigar en este momento en México si estos 15.000 asesinatos se vinculan con una limpieza social intencional por parte del Estado mexicano", indicó Cacho en una conferencia de prensa en Madrid en la que denunció las violaciones de los derechos humanos y las persecuciones a la prensa en su país.
Desde que Felipe Calderón es presidente, hace tres años, "en México estamos viviendo un creciente autoritarismo" justificado por "la guerra" (contra el narcotráfico), por la cual "la militarización y el hostigamiento a periodistas --16 asesinados este año-- y defensores de los derechos humanos aumenta peligrosamente", denunció.
A esto se añade una "opinión pública amedrentada y harta de la violencia y la inseguridad que se vuelve cada vez más hostil, y avala esta violencia y el asesinato como método de justicia expedita por parte del Estado mexicano", añadió.
Cacho, de 46 años, fue secuestrada y torturada en México tras divulgar informaciones sobre una red de pederastia en la que estaban implicados empresarios y políticos.
En los próximos días, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) dedidirá si con estos hechos se violaron los derechos de la periodista.
Por ello, la Fundación que lleva su nombre, creada en Madrid hace un año, organiza un concierto en la capital española para recaudar fondos que ayuden a costear su defensa ante la Corte.
"México sufre una tremenda regularización de la violencia", con 15.000 ejecuciones documentadas en los últimos tres años, que superan "los niveles de asesinatos de Colombia en toda su guerra contra el narcotráfico", denunció la periodista.
Dentro de este panorama, "el feminicidio", que se ha cobrado las vidas de 14.000 mujeres en los últimos 10 años, "pierde importancia, y todos los delitos comunes se disipan entre narcotraficantes, secuestradores y asesinos", mientras hay una "colusión entre servidores publicos y crimen organizado", "el sistema de justicia es inoperante" y "el Estado mexicano se ha demostrado incapacitado para imponer la ley", estimó.
Se trata de "una guerra por el poder" donde el "autoritarismo" se ejerce por un acuerdo entre los partidos PRI y PAN, de Calderón, cuya formación sufre "cada vez más intolerancia a la protesta social".
Ante la inminente condena de la CIDH al Estado mexicano por los asesinatos de tres mujeres en Ciudad Juárez (norte de México), Cacho estimó que "lo importante es que por primera vez la comunidad internacional pone la mirada en los efectos secundarios que tienen impunidad en México".
"Abre la puerta para que el Estado mexicano empiece a saber que es responsable sus acciones, por omisión en este casos", amplió.
Cacho fue detenida en Cancún de manera arbitraria en diciembre de 2006 y encarcelada durante 24 horas, tras las cuales pagó una fianza de unos 6.500 dólares.
La periodista denunció un secuestro por parte de la policía y su traslado ilegal al estado de Puebla por orden del gobernador de ese territorio.
Fue acusada de un delito de difamación, pero la justicia mexicana dio la razón a la periodista en 2007.
Autora de "Los demonios del Edén", ha recibido en los últimos años varios premios por su labor en favor de los derechos humanos ejercida con su trabajo de periodismo de investigación, entre ellos el Premio Mundial UNESCO-Guillermo Cano de la Libertad de Prensa.
Actualmente prepara un libro sobre trata de personas y de menores, prostitución, pornografía y pornografía infantil en todo el mundo que publicará en abril una editorial española.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Nueve de cada diez prostitutas denuncian haber sido agredidas





ercio.pe


Solo 60 mil de las 100 mil trabajadoras sexuales del país están empadronas. Sufren de abusos por parte de la policía, afirmaron
Estigmatizadas por una sociedad que no comprende su trabajo, las trabajadoras del sexo o simplemente prostitutas alzaron su voz de protesta contra la discriminación y agresión de las que son víctimas día a día.
Angela Villón Bustamante, presidenta de la Asociación de Trabajadoras Sexuales de Lima, denunció que de las 100 mil prostitutas que hay en el país (60 mil tienen “algún tipo” de empadronamiento) el 90% ha recibido maltrato o discriminación en el año 2008 sin que nadie haga algo para impedirlo.
“La sociedad critica nuestra labor, pero no entienden que nosotras somos personas dignas, que no tenemos vergüenza de lo que hacemos, muchas hemos hecho de esto un proyecto de vida”, afirmó Villón Bustamante.
La representante del gremio de trabajadoras criticó que el Gobierno no las tome en cuenta, “acaso existe algún programa a favor de nosotras (...) le hemos mandado muchas invitaciones al presidente García para que participe de nuestras conversaciones pero nunca asiste”, dijo Villón.
También criticó el accionar de la policía que en vez de ayudarlas por lo peligroso de su trabajo, les pone piedras y también abusa de ellas.
“No todos, pero muchos policías nos faltan el respeto”. La trabajadora sexual contó, a manera de anécdota, que los policías no las dejan portar preservativos en las carteras, pese a que es una medida para protegerse de las enfermedades.
Por lo difícil de su situación, Villón demandó a las autoridades respetarlas un poco más porque tienen derechos igual que todos. “Seguro no lo harán, se vienen las elecciones y nadie va a querer quemarse con nosotras”, lamentó. elcomercio.pe

sábado, 14 de noviembre de 2009

Polémica sobre anuncios de prostitución, artículo de Hetaira para el periódico Diagonal.


Polémica sobre los aununcios de prostitución

Moralina frente a derechos

Cristina Garaizabal
Periodico Diagonal. Jueves 29 de octubre de 2009. Número 112
La prohibición de los anuncios de prostitución en los medios de comunicación parece que se ha convertido en los últimos tiempos en el instrumento principal de lucha contra las mafias de trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Teniendo en cuenta que ejercer la prostitución no es un delito ni una actividad ilegal, cabe preguntarse qué tienen de malo estos anuncios para convertirse en centro de la polémica sobre la prostitución.

Desde nuestro punto de vista, los anuncios de prostitución, al igual que los anuncios de otro tipo de servicios, no tienen nada malo. Por el contrario, y según nos consta por nuestra experiencia, son un buen instrumento para la captación de clientela de todas aquellas trabajadoras sexuales que, trabajando libremente y de manera autónoma, no quieren exponerse a hacerlo en lugares públicos. Su prohibición implicaría obligarlas a lanzarse a la calle a buscar clientela o a refugiarse en los clubes, donde tendrían que someterse a las imposiciones de los empresarios, ya que no existe una regulación de estas relaciones laborales, provocando ese vacío legal que las trabajadoras no tengan ningún derecho reconocido ni ningún instrumento legal para defenderse de los abusos y la explotación laboral que hoy se da en muchos de ellos.

Se argumenta que esta prohibición ayudaría en la lucha contra las mafias de la prostitución forzada, pero, seamos serios, ¿cuándo se ha visto que una actividad ilegal se publicite?, ¿realmente pensamos que la mayoría de las que se anuncian son víctimas de trata? Nuestra experiencia nos dice que no es así. La trata es un grave delito que al estar penalizado se mueve en la ilegalidad y la semi clandestinidad. Si estuviera realmente tan publicitado no habría muchos problemas para acabar con ella, pero al no ser así su prohibición no sirve para nada en la lucha contra la trata.

La lucha contra la trata se debe llevar por otros caminos y son necesarios otros medios, como los que ya se contemplan en el Plan Nacional contra la Trata aprobado por el Gobierno. No se puede responsabilizar a los medios de comunicación del control de lo que existe detrás de lo que se anuncia. Si así fuera, hagámoslo extensible a todos los anuncios, y especialmente a aquéllos de marcas de tejanos o zapatillas que han sido denunciados por fabricar sus productos en el


sudeste asiático con niños obligados realmente a trabajar en régimen de esclavitud. Esas denuncias están comprobadas. La de que en los anuncios de prostitución la mayoría son forzadas no deja de ser una especulación, ya que no existen cifras que lo demuestren, tal y como dejó patente la Comisión mixta Congreso-Senado para el Estudio de la Prostitución en sus conclusiones de abril del 2007.


Dejémonos de moralinas y diferenciemos la trata con fines de explotación sexual de la prostitución voluntaria. Ante la primera, protección de las víctimas y firmeza en la persecución del delito. Ante la prostitución voluntaria, reconocimiento de que es una actividad legítima y derechos para las trabajadoras, incluido el de publicitar sus servicios.

sábado, 17 de octubre de 2009

Prostitución: la hora de la responsabilidad

Hay que regularizar ya este fenómeno y eso no significa avalarlo o bendecirlo. Sólo desde la hipocresía o la extrema ingenuidad se puede pensar que si se prohíbe o esconde dejará de existir.

Basta. Basta de la irresponsabilidad de esos dirigentes políticos que miran hacia otro lado porque no reciben la presión ciudadana directa. Basta de las soluciones estéticas que aportan los planteamientos abolicionistas y de las posturas maximalistas de quienes se resisten a hacer algo ante la imposibilidad de resolverlo todo. Basta de la hipocresía y la doble moral de algunos a los que sólo preocupa barrer la prostitución de las calles. Inicio este artículo desde el hastío de llevar años dando vueltas infructuosamente al debate sobre la prostitución, y asistiendo, mientras no actuamos, a la degradación de algunos entornos en los que se practica y al desamparo en los que centenares de mujeres ejercen cada día esta actividad en cualquiera de nuestras ciudades.

El dilema no es si estamos a favor o en contra de un fenómeno que repugna a la práctica totalidad de las mujeres, entre las que me incluyo, como también a muchos hombres. No sólo desde el feminismo, sino desde amplios sectores de la sociedad, existe un rechazo a una práctica que convierte las relaciones sexuales en un intercambio mercantil con componentes de dominio y vejación, en el mejor de los casos, y de abuso, agresión o riesgo para la salud, la seguridad y la libertad de quienes la ejercen, en el peor. Es mezquino atribuir a quienes defendemos la regulación de la prostitución cualquier pretensión de avalarla o bendecirla. Como también es hipócrita -o incomprensiblemente ingenuo- pensar que si la prohibimos o la escondemos dejará de existir.

Por mi trayectoria profesional, conozco el debate que, con tintes similares, se produce en torno a la legalización o no del consumo de drogas. Defender su regulación no implica en absoluto apoyar el consumo indiscriminado de sustancias, por parte de cualquiera y en cualquier circunstancia, ni abonar el terreno para la generalización de un problema de salud pública tan grave como son las drogodependencias. Se trata, en cambio, de buscar el marco jurídico más apropiado, superando un escenario de alegalidad que arroja al consumidor a una situación de fragilidad, mientras ofrece a las mafias del narcotráfico una posición más que ventajosa.
Idéntico escenario se nos presenta con la prostitución. El debate que urge afrontar, que ya no podemos demorar, gira en torno a qué situación legal ofrece mayores garantías y libertades a las personas que, por los motivos que sea -que a mí me cuesta comprender-, deciden ejercer esta actividad. Debemos dotarnos de un marco jurídico que refuerce a su vez las herramientas con las que las administraciones puedan combatir con total contundencia el tráfico y la explotación de personas abocadas a la prostitución forzosa.
El enfrentamiento estéril entre las tesis abolicionistas y las partidarias de la legalización debería dar paso a un debate en el que, compartiendo objetivos, analizáramos los mecanismos que permiten, de forma objetiva y no meramente estética, garantizar los derechos de las mujeres y ser más eficaces en la lucha contra las mafias. Bajo este planteamiento, la no regulación es la peor de las salidas: perpetúa la extrema vulnerabilidad de quienes se dedican a la prostitución, a la vez que priva a las administraciones públicas de cualquier instrumento para intervenir y gestionar el impacto que esta actividad tiene sobre las personas y sobre el entorno en el que ejercen.
Frente a la alegalidad, los gobiernos locales se ven impotentes, sin herramientas para gestionar su territorio, y tentados a veces de tomar atajos normativos que ofrecen una falsa ilusión de autoridad y sólo consiguen generar más problemas de los que pretenden resolver. Tres años después de su aprobación, asistimos estos días a la evidencia de que la ordenanza del civismo impulsada por el Ayuntamiento de Barcelona no ha resultado ser un instrumento útil para abordar la prostitución. Lo dijimos ya entonces, expresando con nuestro voto contrario la convicción de que los problemas de raíz social no pueden resolverse desde una óptica policial o estrictamente reguladora del espacio público. Sin haber desplegado previamente un marco legal que ofrezca garantías y alternativas reales a las personas que ejercen la prostitución, cualquier intento de buscar soluciones al impacto de esta actividad en el espacio público actuará sólo de parche que, por muy efectista y mediático que resulte a corto plazo, acabará siendo inútil para avanzar hacia una solución real.
Y lo digo con pesar, desde la impotencia de saber, como teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona, que por más esfuerzos que realicemos por dignificar el espacio público, por atender las necesidades de los vecinos y vecinas, por mejorar las condiciones en las que ejercen las trabajadoras sexuales, siempre estaremos poniendo parches, ya que no disponemos como ciudad de todos los instrumentos necesarios para hacer frente a este fenómeno.
No quiero desaprovechar, sin embargo, esta oportunidad para poner en valor todos estos esfuerzos. Desde la Agencia por el Abordaje Integral del Trabajo Sexual (ABITS) se realiza una incansable labor para contactar con las mujeres que ejercen la prostitución en la calle, prestarles atención social, sanitaria, psicológica, y ofrecerles alternativas. En los últimos dos años, hemos incrementado en un 68,5% los recursos destinados a este programa que, pese a todo, seguirá siendo insuficiente.
Y quiero hacer también una firme defensa, frente a las visiones apocalípticas que algunos reproducen estos días sobre nuestra ciudad, de la apuesta que Barcelona y su Gobierno progresista han hecho por dignificar su centro histórico y, muy especialmente, El Raval, salvando espacios de la voracidad inmobiliaria, ahuyentando el fantasma de la desertificación o la conversión en escaparate turístico. No negamos la existencia de problemas, ni la complejidad que supone la colisión de usos e intereses en un espacio público sometido a una intensísima ocupación, pero pocas ciudades pueden decir como Barcelona que conservan un barrio central habitado, con espacios de convivencia vecinal, con equipamientos y comercios de proximidad, como en cualquier otro rincón de la ciudad.
Volviendo al debate sobre la prostitución: respeto las tesis de quienes defienden su abolición, pero no las comparto en absoluto, pues parten, a mi entender, de la inmadurez de pretender que no exista aquello que no nos gusta, cuando todos aprendemos a muy pronta edad que las cosas no desaparecen porque cerremos los ojos. Tenemos el más claro ejemplo en Suecia, donde la prohibición ha abocado a las personas que ejercen la prostitución a practicarla en barcos anclados a unas millas de la costa, en condiciones de absoluta desprotección. Tampoco es momento ahora de debatir sobre las zonas de tolerancia, sería un instrumento absolutamente inadecuado en las actuales condiciones sociales y sin un marco regulador previo.
Debemos aparcar las iniciativas parciales o las soluciones estéticas. La función de la política es ofrecer a cualquier colectivo las mejores condiciones para garantizar la salvaguarda de sus derechos, y esto pasa hoy por afrontar de una vez por todas la regulación de la prostitución, promoviendo la existencia de espacios autogestionados, sin amos, que despojen al proxeneta de la funcionalidad que le otorgan las precarias condiciones en las que se desenvuelven actualmente las trabajadoras del sexo. Un marco regulador hará aflorar la economía sumergida vinculada a esta actividad, de la que se lucran impunemente numerosos empresarios del sexo, nos posicionará mejor para combatir la delincuencia que a menudo la rodea, y nos permitirá abordar el diseño de estrategias para aquellas mujeres que quieran abandonar esta práctica.
Una regulación que debe tener carácter transversal y ámbito estatal, pues atañe a competencias relacionadas con el reconocimiento de esta práctica como actividad laboral. El Gobierno de Zapatero no puede rehuir por más tiempo esta cuestión, ni hacer oídos sordos escudándose en debates internos del movimiento feminista. Yo le animo a escuchar a todo el espectro de este movimiento, más allá de las voces que se alcen dentro de su propio partido. Hoy, la urgencia de las personas que se dedican a la prostitución por ver reconocidos sus derechos, y la necesidad de las ciudades y de quienes viven en ellas de abordar con decisión este fenómeno, es un clamor que, por responsabilidad, no puede desatender.
Imma Mayol es teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona y concejal de Iniciativa per Catalunya Verds (ICV-EUiA).

sábado, 3 de octubre de 2009

La doble moral de los políticos españoles

Ya estoy harto de la doble moral de los políticos españoles, siempre mirándose el ombligo y dándole vueltas y vueltas al tema de la prostitución.
Señores solo hay una manera de enfocar el tema: imagínense por un momento que    S U   M A D R E    E S  U N A   D E   E S A S  P R O S T I T U T A S, ¿que harían para garantizar sus derechos, para protegerla y para mejorar su nivel de vida?